Demasiados colores. Hermosos. Muchos.
Y palabras. A montones.
Incontables palabras.
¿Y qué si nada de esto es
cierto? ¿Y qué si algunas de las voces que escuchamos son producto de nuestra
imaginación?
Y más colores. Y más palabras.
Bla bla.
Libertad…
Mirar al cielo es libertad.
Sentir el aire alborotarme el pelo. Sentir por un segundo que soy capas de
volar. Que todos podemos.
Porque si, todos podemos
hacerlo. ¿Quién necesita de alas para
volar?
Toma de la mano a alguien que
quieras con el alma. Decime si eso no es volar.
Cerrá los ojos por un momento
e imagina que no estás acá, que no hay nadie alrededor, que no existen los
gritos, las peleas, los insultos, la injusticia, el enojo, soñá un momento.
Acaso, ¿eso no es volar?
Quiero cerrar fuerte los ojos, quiero dejar de
mirar, irme lejos por un tiempo, que no haya reloj que me corra. Estoy cansada
de estar apurada.
Quiero volar. Quiero viajar. Quiero sentir la
libertad de saber que puedo hacerlo. Y que es real. Real.
¿Y qué si todo esto es un sueño?
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