31 dic 2012


Aquí estamos nuevamente, a punto de volver a contar desde cero esos largos y costosos trescientos sesenta y cinco días. O seis.
Es raro todo. Todo todo todo. Demasiado raro.
Llevo conmigo muchos llantos, mucha soledad, mucha depresión, muchas ganas de no estar, de irme, de desaparecer, de dejar de existir.
Cargo en la espalda muchas amarguras, mucho odio, mucha bronca por pérdidas enormes, muchas palabras horribles que no dije y dudo hacerlo en algún momento, mucha pero mucha falta.
Y pesa todo eso. Me canso de cargarlo, no doy más.
Pero hay algo que pesa mucho más que todo eso. Otra parte de mi alma va cargada de sonrisas hermosas que se interpusieron ante mi y le ganaron de antemano a las lágrimas. Cargado de risas exageradas, estruendosas, que suenan fuerte, que aturden, que hacen llorar de tan potentes que son. Cargado de abrazos calentitos de pleno inverno, de abrazos mojados de verano, de abrazos suaves, de apretujones que dejan sin aire y ablandan hasta el corazón más duro. Cargada de gritos que te dejan sin voz, que hacen dolor fuertemente la garganta; gritos de júbilo, de alegría inmensa, de una emoción inigualable; los gritos más lindos, gritos que confirman con firmeza que ‘’PITI TIENE RAZÓN’’, que ‘’BIEN PARADO O EN LA LONA, HAY QUE SER BUENA PERSONA’’.
‘’QUE SE HAYAN INVENTADO LAS PASTILLAS DEL ABUELO Y POR SUPUESTO, LA 20 QUE EXPLOTA!’’
Cargo demasiadas cosas. Cargo mucho. Cargo cargas pesadísimas.
Pero no las cargo sola.
Gracias a los que aparecieron de la nada. Gracias a los que se quedaron. Gracias a los que pasaron un rato.
Gracias a mi, por salir, como pude, adelante.
GRACIAS.




Adiós 2012.
Qué tal 2013. Pasá, sentate. Tenemos muchas cosas de que hablar.

No hay comentarios:

Publicar un comentario