20 ago 2013

Quiero arrancar este nudo, y ni siquiera me salen las palabras.
¿Acaso pretendemos mostrarnos fuertes cuando el corazón se enloquece con la más mínima demostración de afecto? ¿Esperamos algo de nosotros mismos cuando ya no somos quienes manejamos la materia? ¿Qué es exactamente lo que pretendemos del tiempo? ¿Que se detenga? ¿Que avance? ¿Que espere?
El tiempo no escucha. Ni siente.
El corazón si.
Y está gritando con todas sus fuerzas.
Parece que intentara salir cada vez que una simple mirada que nunca se conoció, y está increíblemente lejos, se presenta ante sus ojos.
Parece que llorara y nos desgarrara desde el interior del pecho cada vez que los rechazos no del todo seguros se presentan tan impulsivamente.
Parece que compitiera con la cabeza por ver quién tiene la razón, y quién lleva el mando.
Luchan. Se golpean. Gritan. Se lastiman.
Nos lastiman.

 Y los ojos se empiezan a empañar, de tanto pensar. Y ya no sabes en qué pensar. 

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