Quiero arrancar este nudo, y ni siquiera me salen las
palabras.
¿Acaso pretendemos mostrarnos fuertes cuando el corazón se
enloquece con la más mínima demostración de afecto? ¿Esperamos algo de nosotros
mismos cuando ya no somos quienes manejamos la materia? ¿Qué es exactamente lo
que pretendemos del tiempo? ¿Que se detenga? ¿Que avance? ¿Que espere?
El tiempo no escucha. Ni siente.
El corazón si.
Y está gritando con todas sus fuerzas.
Parece que intentara salir cada vez que una simple mirada
que nunca se conoció, y está increíblemente lejos, se presenta ante sus ojos.
Parece que llorara y nos desgarrara desde el interior del
pecho cada vez que los rechazos no del todo seguros se presentan tan
impulsivamente.
Parece que compitiera con la cabeza por ver quién tiene la
razón, y quién lleva el mando.
Luchan. Se golpean. Gritan. Se lastiman.
Nos lastiman.
Y los ojos se
empiezan a empañar, de tanto pensar. Y ya no sabes en qué pensar.
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