No sé cómo hacen. Los admiro. No entiendo cómo pueden vivir entre tanta falsedad.
Prestas una mano, te la toman. Te llevan, te traen. Te llevan a pasear.
Te sueltan de a poco, te dejan, te abandonan. Te caes al piso. Y quedas ahí, tirado. Y nadie te ve, nadie te ayuda, nadie te escucha.
Te convertís en algo de fácil reemplazo. Te convertís en ''algo''.
En algo que no olvida, que siempre sabe como volver a recordar. Porque no olvidas nada de lo que pasó, a pesar de que haya pasado.
Odias permitir que todo se olvide de a poco, cuando sabes que para vos nunca van a pasar esos momentos en los que las tristezas se borraban con sonrisas, y los males se evadían con abrazos que eran el mejor refugio.
Pero dejas que todo se olvide. Muy de a poco. Mientras ves como los que te soltaron vuelan por ahí como si nada, mientras vos lloras y continuas ahí, tirado.
Vuelan con personas que agarraron sus manos para usarlas, por conveniencia, para bien propio.
Y así son felices.
En cambio vos, que tomaste esas manos para dar un paseo, para llorar acompañado, y que las lágrimas no seas tan pesadas, para llorar de la risa, para hacer sonar esas carcajadas, para disfrutar de una amistad hermosa, inseparable, unida y única.
Pero ya no están las manos que te mantuvieron firme en las peores tormentas, cuando creías que te caías.
Y el odio crece cada vez más.
La falsedad va consumiendo al mundo lentamente. Y nadie se da cuenta, salvo vos.
Estas solo.
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