21 sept 2012

Como pueden llegar a cambiar las cosas en trescientos sesenta y cinco días. Trescientos. Sesenta y cinco. Días. Y tantas tantas horas...
Cambie tantas veces de ropa, de zapatos, de medias, de peinados. Cambie silencios por palabras, misterios por sorpresas, distancias por abrazos, ahogos por momentos.
Prefiero responder a una impuntualidad con un suspiro, una cuenta y seguir. 
Prefiero perder un turno si no se que cartas tirar antes que jugar por jugar. Y terminar perdiendo de entrada. (Mentira, juego y suelo perder. Perderlo todo). 
Prefiero escribir antes que gritar a los cuatro vientos.
Prefiero decir que ya no entiendo nada, que ya no se cómo funciona todo esto, que ya no creo, antes que nombrarte y no saber cómo reaccionar.
Confieso que creo en el amor a primera vista. Confieso que desde ese momento no entiendo.
Sigo teniendo muy vívida tu expresión en ese mismísimo primer instante en el que giré para mirarte. Parece que te veo todavía tan cerca mío. Siento tus brazos todavia. Creo.
Y tus besos... 
Como cambian las cosas. Como giran, como rotan.
Hoy prefiero nombrarte y no pensar.
Como cambia todo en trescientos sesenta y cinco días.





O tresciento sesenta y seis, no se, anduve medio colgada todo este año.


No hay comentarios:

Publicar un comentario