Y
de repente todo toma color.
El
brillo permanente en los ojos. La sonrisa dibujada en la cara. Los nervios. La
inseguridad. La maldita inseguridad.
Y
esos malditos golpes en la panza que produce cada palabra.
Y
la espera, ay la espera. La espera
que vale la pena.
Mucho.
Vos
tan allá, yo tan acá.
Los
dos tan pero tan.
Acá,
o allá, los dos.
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