Fuiste ese empujoncito que me faltaba para darme cuenta que
no todo estaba tan mal, que siempre podía defenderme con una sonrisa o un
chiste, o una simple palabra de aliento.
Tu intención no era otra más que divertirte, pero dejaste
ganas en mi, inconscientemente. Ganas de seguir sonriendo.
¿Cómo no te voy a extrañar entonces? ¿Cómo no voy a
necesitar estar completamente bien un día al menos, uno entero? ¿Cómo no voy a
necesitar saber que del otro lado del mural de gente hay alguien que se acuerda
de mi y pronuncia mi nombre?
¿Cómo no extrañar tus besos, tus abrazos, tus miradas, tus
caricias, tus palabras sin sentido?
¿Cómo no extrañarme?
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