17 jul 2012



Hoy las voy a contar 
un poco mi forma de ser, 
la terrible facilidad 
que tengo yo para perder. 
Pierdo la ropa y pierdo apuestas, 
en pocas copas pierdo lo que llevo a cuestas, 
pierdo vergüenza cuando estoy con mis amigos, 
cundo canto pierdo el hilo 
de lo que debo cantar, 
perdí el pudor, perdí mil noches frente al mar. 


Perdí alegría, y también perdí inocencia, 
refugiándome en los libros 
me sirvió para entender 
que a mucha gente no le importa la miseria, 
que solamente les interesa el poder. 
Perdí la fe en la democracia 
cuando ya no me dio gracia 
ver que manejan los hilos de la nación 
los que tienen un dólar como corazón. 


Perdí tiempo y dinero 
perdí el celo, perdí el fuego 
perdí el vuelo, perdí el arte de soñar, 
algunas noches pierdo un recuerdo, 
pierdo la cuenta ya de todo lo que pierdo. 
Pierdo la voz de la conciencia 
entonces quedo hablando solo 
me pierdo de polo a polo en encontrar 
alguien con quien 
poder reír, poder llorar. 


Y tengo suerte 
de no haber perdido un diente, 
refugiado en aguardiente 
nunca sé cuando parar, 
pierdo la vida en una vuelta de ruleta, 
pierdo la bocha por hacer una de más, 
y me hundo en el primer surco profundo 
perdiendo de nuevo el rumbo 
del caballero que fui, 
y ella perdió los dientes que yo no perdí. 


Pero una noche, 
de esas que creí perdidas, 
jugando a las escondidas 
con el amor me encontré, 
y así fue que me robaron algo valioso, 
estoy agonizando y le quiero pedir 
por dios que usted busque por mí 
a la mujer que me robó 
de una mirada mi sensible corazón, 
no puedo ir yo 
porque perdí su dirección.

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